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jueves, 13 de octubre de 2011

ANÁLISIS FILOSÓFICO DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA ESCUELA: CLAVES CRÍTICAS A PARTIR DE IAN HACKING

ANÁLISIS FILOSÓFICO DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA ESCUELA: 
CLAVES CRÍTICAS A PARTIR DE IAN HACKING


Philosophical analysis of the social construction of School:
key  questions from Ian Hacking


Analyse philosophique de la structure sociale des écoles:
questions clés de Ian Hacking


José PENALVA BUITRAGO
Universidad de Murcia. Facultad de Educación. Campus Universitario Espinardo.
30100 Espinardo (Murcia). Correo-e: jpenalva@um.es

Fecha  de recepción: enero  de 2008
Fecha  de aceptación definitiva: abril  de 2008
BIBLID [(1130-3743) 20, 2008, 65-81]

RESUMEN

Este artículo  ofrece  un análisis filosófico  de la idea  de la construcción social  de la escuela. Tomando  como punto de partida  algunas de las claves  críticas  que I. Hac- king  señala respecto del constructivismo, el autor ensaya una nueva  ruta de análisis, no explorada por Hacking: el análisis del constructivismo social  en los procesos edu- cativos  y en las  instituciones educativas. Con ello  se intenta  poner  de relieve cues- tiones teóricas  de fondo –principalmente de carácter ontológico– acerca de las cuales la comunidad pedagógica ha  prestado escasa atención. El análisis se  desarrolla en cuatro  pasos:  en primer  lugar,  se ofrecen  las ideas  de Hacking más relevantes al res- pecto;  después, se expone una  síntesis  de la posición dominante acerca de la cons- trucción  social  de  la  escuela. Seguidamente, se  analizan los  aspectos ontológicos implicados en tal idea,  y, por último,  se extraen las consecuencias educativas.

Palabras clave: construcción social  del conocimiento, construcción social  de la escuela, escuela inclusiva, Teoría  de la Educación.

SUMMARY

This paper offers a philosophical analysis of the idea  of the social  construction of School.  Taking  as a standpoint some critical  questions which  I. Hacking proposed regarding constructivism, the author examines a new route, not explored by Hacking, i.e.,  the  analysis of social  constructivism in educational processes and  educational institutions. In this way  we  expect to throw  light  on certain  deep  theoretical ques- tions  –of an  ontological nature,  mainly– to which  the  educational community has paid  little attention. The analysis follows  four steps:  first, it describes Hacking’s most important ideas  in this regard; second, it synthesises the dominant stance  concerning the social  construction of School.  Third, it examines the ontological assumptions of this idea,  and,  finally, describes some  educational consequences.

Key words: social  construction of  knowledge, social  construction of  School, inclusive School,  Theory  of Education.


SOMMAIRE

Cet article  offre une  analyse philosophique de  la structure  sociale des  écoles. L’auteur,  à partir  de  quelques idées  critiques signalées par  I. Hacking à propos  du constructivisme, envisage une nouvelle approche pas explorée par Hacking: celle  de l’analyse du constructivisme social  dans  les  processus et les  institutions éducatives. Cette approche a pour but de signaler quelques questions théoriques fondamentales
–de nature  ontologique principalement– très peu analysées par la communauté péda- gogique. L’analyse se  déroule en  quatre  étapes: en  premier lieu,  les  idées  fonda- mentales de  I. Hacking sont  exposées; en  second  lieu,  une  synthèse du  discours dominant sur  la  construction sociale  de  l’école est  offerte;  en  troisième lieu,  les aspects ontologiques impliquées y sont développés et, finalement, en quatrième lieu, les conséquences éducatives y sont dégagées.

Mots  clef: connaissance de la structure  sociale, structure  sociale des  écoles, l’é- cole  inclusive, Théorie  de l’Éducation.



1.     INTRODUCCIÓN

La idea  de la «construcción social  del conocimiento» ha ejercido en las últimas décadas un fuerte impacto  en diversas disciplinas del campo  de las Ciencias Socia- les, y entre ellas,  de modo  destacado, la disciplina de la Educación  y, en concreto, las teorías  sobre  la institución escolar1.


1. La investigación que  ha servido  de base  para  este artículo  ha sido realizada durante la estancia de investigación realizada como Academic Visitor en la Facultad  de Filosofía  de la Universidad de Cam- bridge, durante el año 2007. Expreso mi agradecimiento al profesor  Simon Blackburn por avalar  mi pro- yecto  y por sus sugerencias, y a la profesora Jane Heal (Head of the Department) por su amable acogida en la Facultad  de Filosofía.

En el ámbito  de la Filosofía,  así como  en el campo  de la Filosofía  de la Cien- cia,  la  idea  de  la  construcción social  del  conocimiento ha  sido  objeto  de  crítica desde casi  los inicios  de la aparición de la idea  (cfr. González, 2005;  Ward,  1996; Gellner,  1974; Steiner,  2001 –original de 1989–).  En el área  de la investigación edu- cativa,  aunque con varios  años  de retraso,  esta  idea  también ha recibido un trata- miento  crítico,  especialmente en lo relativo  a los aspectos epistemológicos, y, en concreto, a los excesos relativistas derivados. Las primeras voces  que  señalaron los extremos y problemas teóricos  de la construcción social  aplicado a la educación y al  currículum escolar vinieron del  campo  de  la  Filosofía  de  la  Educación  (Pring,
1927).  Le siguieron críticas  procedentes del área  de la Sociología de la Educación, acerca de  las  consecuencias del  relativismo en  la  práctica educativa  (Moore  y Muller,  1999)2.
El mismo  M. Young,  uno de los defensores más destacados de la construcción social  en  la  práctica educativa, que  ha  ejercido un  influjo  considerable sobre  la pedagogía de  los  últimos  treinta  años  (desde que  publicara el  libro  por  él  com- pendiado: M. Young:  Knowledge and Control: New  Directions for the Sociology of Education, 1971) se ha apartado, desde finales  de la pasada década y principios de la presente (a raíz del  artículo  de R. Moore  y J. Muller  antes  citado), de los extre- mos relativistas implícitos en la idea  de  la construcción social,  hasta  el punto  de que,  en su último libro (Young: Bringing Knowledge Back In, 2008) afirma la nece- sidad  de  volver  a recuperar cierto  tipo  de  conocimiento objetivo  en  el  discurso
educativo3.
A pesar  de todo, los aspectos filosóficos  de fondo implicados en la idea  de la construcción social  relativos a la educación están  por explorar. Este artículo  ofrece un análisis filosófico  de la idea  de la construcción social  de la escuela4. Tomando como punto de partida  algunas de las claves  críticas  que I. Hacking señala respecto del  constructivismo, el autor  ensaya una  nueva  ruta de análisis, no explorada por Hacking: el análisis del  constructivismo social  en los procesos educativos y en las instituciones educativas. Con ello se intenta  poner  de relieve cuestiones teóricas  de
fondo –principalmente de carácter ontológico– acerca de las cuales la comunidad pedagógica ha prestado escasa atención. El análisis se desarrolla en cuatro  pasos: en  primer  lugar,  se  ofrecen  las  ideas  de  Hacking más  relevantes al  respecto; en


2. Algunas  de las ideas  más relevantes del artículo  de Moore y Muller se encuentran avanzadas en
EVANS, 1997. Para un análisis de los aspectos semánticos en la idea  de la construcción social:  FROW, 2001.
3. E incluso, en seminarios sobre  Sociología de la Educación  que  han tenido  lugar  en el Instituto de la Educación  de Londres y en la Facultad  de Educación  de Cambridge durante el 2007, M. Young  ha entonado algo  así como  un «mea culpa» por las consecuencias epistemológicas negativas que  ha origi- nado  la idea  de  la construcción social  en  la educación, que  ha  podido llevar,  confiesa, a desorientar (mislead) a toda una  generación de educadores e investigadores de la educación.
4. Para  un  análisis de  los  aspectos semánticos y epistemológicos en  la  idea  de  la  construcción social  del  currículum, PENALVA, 2006.  El contenido del  análisis de los aspectos ontológicos en la cons- trucción  social  de la escuela es desarrollada con mayor  amplitud en PENALVA, 2008.

segundo término,  se expone una  síntesis  de  la posición dominante acerca de  la construcción social  de  la  escuela. En el  tercer  punto,  se  analizan los  aspectos ontológicos implicados en  tal idea.  Y, por  último,  se  extraen las  consecuencias educativas.


2.     IAN HACKING  Y SU RELEVANCIA EN LA IDEA DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL

I. Hacking, el catedrático de Filosofía  de la Universidad de Toronto,  es cono- cido por incorporar la perspectiva histórica  en al ámbito  de la Filosofía  de la Cien- cia.  En un principio siguió  muy  de cerca  los trabajos  de Th. Kuhn5, pero  después se distanció adoptando cierto tipo de realismo, y se ha mostrado  crítico desde siem- pre respecto de los constructivismos sociales. El libro en el que  expone una crítica más exhaustiva del  constructivismo social  y que  ha ejercido más impacto  sobre  la Filosofía la Ciencia  es el titulado: The Social Construction of What? (1999, trad. esp.:
2001).  Ya desde el principio, en el Prefacio, señala:

Rara vez he encontrado útil usar la frase «construcción social» en mi trabajo.  Cuando la he mencionado lo he hecho  con la intención de distanciarme de ella.  Me pare- cía a la vez confusa y excesivamente utilizada. La construcción social  ha sido  una idea  verdaderamente liberadora en muchos  contextos, pero  lo que  a primera  vista ha liberado a algunos, ha convertido a demasiados otros en engreídos, conformis- tas y a la última  moda  en sentidos que  han llegado a ser meramente ortodoxos. La frase se ha convertido en una consigna. Si la usas  favorablemente, te consideras a ti mismo  bastante radical. Si la desechas, declaras que  eres  racional, razonable y respetable (Hacking, 2001, 12).

Algunos  aspectos claves  de la crítica  de Ian Hacking a la idea  de la construc- ción  social  son relevantes a la hora  de poner  de relieve los problemas filosóficos de  fondo  en la idea  de  la construcción social  de  la Escuela.  La teoría  de  la cons- trucción  social  defiende que  la «idea» vigente –en nuestro  caso,  la idea  de escuela– ha sido socialmente construida y, por ello, el método  de análisis que considera más adecuado para  el estudio de la realidad –escolar–  es el método  de la des-velación. En este sentido, es relevante la crítica  que  I. Hacking ofrece  en su libro:  The  Social Construction of What?, cuando sugiere que  existe  una hipótesis latente  en la meto- dología adaptada por los constructivistas. Es la hipótesis del compromiso social,  o, en términos  de I. Hacking, el «deseo» de cambio  social.


5. Es importante hacer  notar que  la concepción de Th. Kuhn cambió  de modo  apreciable y signi- ficativo a lo largo  del tiempo.  Suele  ser frecuente apelar al concepto «paradigma»  tal y como lo delimitó en su primera  etapa, aunque él mismo  se ha encargado de revisarlo posteriormente evitando posicio- namientos radicales. En la evolución del pensamiento de Kuhn en lo relativo  a la inconmensurabilidad, se observan tres etapas claramente diferenciadas, que  corresponden a las siguientes obras:  KUHN, 1962;
1974, 459-482;  1983, 669-688 y 712-716.  Una exposición de la evolución de estos planteamientos puede verse  en GONZÁLEZ, 2004.

La investigación sobre  la construcción social  es  crítica  con  el  statu quo. Los construccionistas sociales respecto a X tienden a mantener que:

1. No era  necesario que  X existiera o no es necesario en absoluto que  sea  como es.  X, o X tal como  es en el momento actual, no está  determinado por la natura- leza  de las cosas,  no es inevitable.
Muy a menudo van más allá  e insisten  en que:
2. X es bastante malo  tal como es.
3. Nos iría mucho mejor si X fuera eliminado, o al menos  radicalmente transformado. […]
La mayoría de  la  gente  que  usa  con  entusiasmo la  idea  de  construcción social quiere criticar,  cambiar o destruir  algún  X que  les  disgusta dentro  del  orden  de cosas  establecido (Hacking, 2001, 26-27).

Dicho de forma muy tosca, los niveles de compromiso construccionista surgen de las reacciones cada  vez más  fuertes  a 1, 2 y 3 citados  más  arriba:  1 era  la afir- mación  de que  no es inevitable; 2 que  X es algo  malo;  y 3 que  el mundo  sería  un lugar  mejor  sin X. Aquí están  los nombres para  seis  niveles de construccionismo: histórico, irónico,   reformista, desenmascarador,  rebelde,  revolucionario (Young,
2001, 45).
Tomando  como  base  el análisis de I. Hacking, este  artículo  presenta un estu- dio crítico  de la idea  de la teoría  de la construcción social  de la escuela.
Conviene señalar que la corriente pedagógica que es objeto de estudio en este
artículo, aunque amplia y diversa, comparte un común  denominador: se aborda  el estudio de la institución escolar desde una orientación sociológica y con una pers- pectiva crítica.  El punto  de partida  del impacto  de la idea  de la construcción social de la escuela se sitúa  en la «nueva  Sociología de la Educación»  (Young, 1971),  ori- ginada en Inglaterra en la década de los setenta, y pronto ejercerá una gran influen- cia en varias  corrientes pedagógicas, especialmente en la Pedagogía crítica,  que  ha tenido  una especial repercusión en el continente americano (Bowles y Gintis, 1976; Appel,  1977; Castells,  1994; Giroux,  1988).
Los primeros análisis sociológicos críticos de la educación presentaban un alto déficit  teórico.  La institución escolar era  sometida a  crítica  desde un  posiciona- miento  reduccionista, tributario  de  un  marxismo economicista y de  un  reduccio- nista  causal (Morgan, 2005).  En una  etapa  posterior, se  incorporan metodologías fenomenológicas (Young, 1971) y se insiste  en que las relaciones políticas que inci- den  en la esfera  educativa son más complejas (Bourdieu y Passeron, 1977; Berns- tein,  1971).  La década de  los  ochenta estará  caracterizada especialmente  por influencias de corrientes postmodernistas, aplicándolas a estudios de género, sobre la raza e incluso postcoloniales.

3.     LA IDEA DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA ESCUELA

A la hora  de analizar los aspectos filosóficos  de fondo  –principalmente onto- lógicos, en torno a la naturaleza de la escuela– de las teorías  acerca de los proce- sos educativos e instituciones escolares que  se basan  en la idea  de la construcción social  de la escuela, hay  que  prestar  atención a la relación entre  instrucción esco- lar y sociedad.
En estas  teorías, la escuela es entendida como una  realidad contradictoria: de un lado,  la escuela es concebida como un ámbito  de reproducción de la cultura  y de  la  organización social  establecida, pero,  a  la  vez,  contiene la  posibilidad de resistir  la lógica  dominante de esa  misma  cultura  y de esa  misma  sociedad (Bour- dieu  y Passeron, 1977; Carnoy  y Levin, 1985; Rodríguez, 2002; Young,  1971; Berns- tein, 1977; Bowles y Gintis, 1976; Appel,  1977; Giroux y Purpel,  1983; Oakes,  1985; Apple,  1993,  109-126;  Gee,  1998;  Torres,  2005;  Popkewitz, 1999;  1994,  103-137;
1998; Popkewitz, Franklin  y Pereyra, 2001; Jackson, 1968).  La posibilidad de trans- formación social  –para  convertir  la escuela en un centro  de  cultura  democrática– reside  en  un  cambio  epistemológico, esto  es:  poner  de  relieve la  relación entre conocimiento escolar y control  social.  De modo  que  la Pedagogía «dentro del aula»
–según  este modo  de entender la educación– no puede entenderse sino dentro  de un «marco sociopolítico». Esto implica necesariamente comprender que  la transmi- sión de conocimiento en el aula tiene una dimensión esencialmente política. La edu- cación   ha  dejado de  ser  un  discurso neutro,   para  convertirse en  una  teoría normativa.
La educación, pues,  es interpretada ahora  dentro  de la «teoría de la construc- ción  de  la realidad social»:  el significado es fruto de  la interacción; el significado viene  dado  por las situaciones, pero  también es creado por el teórico  investigador y por todos  aquellos que  participan en el ámbito  educativo. El teórico  de la edu- cación   participa  activamente en  la  redefinición del  conocimiento acerca  del mundo.  Subyacente a esta teoría  de la construcción social  del significado reside  el problema de las relaciones entre  significado y control social.  La teoría  de la «edu- cación  tradicional», se  afirma,  ha  suprimido la  relación esencial entre  lenguaje y poder  y  se  centra  exclusivamente en  el  punto  de  vista  técnico  y  del  desarrollo, dejando oculta  la  cuestión acerca del  poder.   Pero  el  lenguaje, según se  afirma ahora,  no es un mecanismo de reproducción de significados objetivos  del mundo, sino  un  modo  concreto de  «nombrar» la realidad, en  concreto, el  modo  determi- nado  que  se expresa en los tipos  de relaciones sociales. El lenguaje, pues,  es una construcción histórica, producida por  grupos  sociales. Y el  conocimiento –legiti- mado  institucionalmente– organiza y desorganiza la experiencia, de modo  que  el proceso de  construcción de  teorías  lleva  implícitos unos  prejuicios, unos  mitos sociales, hábitos  mentales, experiencias no  cuestionadas (Young, 1971;  Keddie,
1973; Jenks,  1977; Eggleston, 1977).
En síntesis, la cuestión central  de la educación es que  el nexo  que  configura poder,   conocimiento, ideología  y  enseñanza escolar es  de  naturaleza social  y

política. Según  este discurso crítico, la educación pasa  a ser definida en los siguien- tes términos:

1.     Plantear  el problema de  la naturaleza de  la educación implica poner  de relieve la cuestión del fin (objetivo, finalidad) de la educación.
2.     La cuestión de la finalidad de la educación se define  en términos  políticos.
3.     La realidad política de  la  educación implica una  opción  por  un  nuevo modelo de sociedad.
4.     El nuevo  modelo de sociedad se define  desde la noción  de «democracia».
5.     La democracia se concibe en términos  de capacidad humana para dar sig- nificado a la realidad y, de este modo,  de poder  transformar la sociedad.

La escuela se define  como  una  realidad política democrática, donde  el papel de la teoría de la educación es «la construcción de significados», con el fin de gene- rar un movimiento social  que  defienda la libertad y la justicia  social.  La Pedagogía
–que  ahora  pasa  a ser entendida en términos  de  construcción crítica–  está  orien- tada  fundamentalmente hacia  la «construcción»  de un nuevo  modelo de sociedad, hacia  la «transformación»  de la sociedad. Esto quiere decir  que  la construcción y la transformación de  la  sociedad tienen  su  punto  de  inicio  en  la  escuela. Es decir, la  lucha  social  –hacia  la  transformación– tiene  su  germen en  la  escuela y  en  la Pedagogía, de modo  que  la «construcción y transformación social» empieza funda- mentalmente –según  esta corriente de Pedagogía crítica– en la construcción y trans- formación de la naturaleza de la Pedagogía, de la naturaleza de la escuela, de la naturaleza de la educación.
El conocimiento es «construcción social», de modo que  la Pedagogía no puede consistir  en un «instrumento» de transmisión de «conocimiento objetivo» –como pre- tende  la «educación tradicional»–. Por el contrario, la Pedagogía –en este  discurso crítico–  debe  ser el momento de la toma en conciencia de que  el conocimiento es fundamentalmente  «construcción social»  por  parte  de  la  ideología dominante, al tiempo  que  se dan las herramientas conceptuales para su deconstrucción y su pos- terior reconstrucción. La Pedagogía, por tanto, es política (y su primera  manifesta- ción  es deconstruir la ideología vigente mediante la construcción de  un discurso alternativo). En palabras de Giroux:

Las escuelas como  esferas  públicas democráticas se construyen en torno a formas de  investigación crítica  que  ennoblecen el  diálogo  significativo y  la  iniciativa humana. Los estudiantes aprenden el discurso de la asociación pública y de la res- ponsabilidad social.  Este discurso trata  de  recobrar  la idea  de  democracia crítica entendida como  un movimiento social  que  impulsa la libertad individual y la jus- ticia social  (Giroux,  1997, 34-35).  (Cfr. Dewey, 1916; Aronowitz  y Giroux,  1985).

Observamos así  cómo  aparecen relacionados los  aspectos epistemológicos (construcción de  significado) con  los  ontológicos (relativos a la  naturaleza de  la educación y de la escuela).

Supuesta esta  naturaleza de la educación –definida en términos  políticos–, la Pedagogía se entiende –epistemológicamente– como el discurso de la construcción del  conocimiento. Ahora  el conocimiento no es  algo  objetivo, y por  tanto  no ha lugar  para  la «transmisión» de contenidos neutros. El mismo contenido en que  con- siste  el conocimiento es una  construcción de  naturaleza política. La escuela es el lugar  de la construcción de significados –como  manifiesta el principio de la ense- ñanza  del  currículum significativo– y la Pedagogía es el momento de la construc- ción de significados políticos.


4. ANÁLISIS DE LOS ASPECTOS ONTOLÓGICOS EN LA IDEA DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA ESCUELA

A la  hora  de  dilucidar las  cuestiones ontológicas, es  preciso distinguir dos nociones básicas:

i)     realidad: el «objeto» del que  estamos hablando (la escuela);
ii)     y conocimiento: la «idea» que  nos hemos  formado  de la realidad (el  con- cepto mental  que nos hemos  formado  de la escuela, concepto mental  que
–según  la teoría  de la construcción social–  es el resultado de las relacio- nes sociales).

Atendiendo al  análisis de  I. Hacking (Hacking, 2001,  26-27),  reseñado ante- riormente, el punto  de partida  de la defensa de –la idea de– la construcción social de la realidad es el rechazo de uno o varios aspectos de la realidad establecida. Al decir  que  una  idea  (por  ejemplo, la noción  de escuela tradicional) es socialmente construida se está  negando que  esa  noción  de escuela tradicional sea  esencial, y, por  tanto,  se  niega que  sea  necesaria. Incluso  se  afirma  –desde tendencias más extremas dentro de la teoría de la construcción social–  que esa realidad (la escuela) no tiene esencia. El método  que mejor responde a la realidad, según la teoría peda- gógica que  nos ocupa, es el método  de la desvelación (del  significado y del currí- culum  oculto), también entendido como deconstrucción, o desenmascaramiento.
En este sentido  se puede afirmar,  siguiendo a I. Hacking, que  la hipótesis que subyace al método  de  desenmascarar (las  ideologías) es  el deseo de  «cambiar  el orden  establecido». De este modo,  cuando se afirma que la escuela (esto es, la idea de escuela; en concreto, la noción  tradicional de escuela) es socialmente construida se está  diciendo que  no tiene  un carácter esencial, de modo  que  no es inevitable. Dicho de otra manera, al decir  que  la escuela y los significados de la escuela son socialmente construidos se está  afirmando que  el modelo-idea de escuela vigente (la escuela tradicional) es evitable, sustituible por otros constructos. No en vano la teoría  de la construcción social  de la escuela se ha autodefinido en algunos casos como  corriente de pensamiento utópico, relacionado con la praxis  transformadora de la educación y de la escuela.

El nivel  de  rechazo y  de  deseo de  sustitución viene  a  delimitar el  carácter metodológico de las investigaciones educativas. Los menos  comprometidos con el cambio  de la realidad realizan un análisis histórico  (de  la «idea» de escuela), y los más  comprometidos tienen  un planteamiento revolucionario. Según  el análisis de I. Hacking (Hacking, 2001, 45), en un primer  nivel,  el estudio histórico  puede pre- sentar un desarrollo histórico  de la construcción de la escuela, sin decir si esa cons- trucción  es buena o mala.  En un segundo nivel  se puede hacer  un estudio con una actitud  irónica, mostrando que  algunos aspectos de la idea  de la escuela podrían haber  sido de otra manera. El tercer nivel  depende de la seriedad con que  se tome el segundo nivel;  si se muestra que  algunos aspectos de la idea  de escuela podrían ser de  otra manera, con  el compromiso explícito para  reformar  esos  aspectos, se asume  un compromiso reformista. En cambio, si se muestra que  la idea  de escuela es construida, pero  no con el objeto  de refutar  y reformar,  sino de socavar  su sen- tido y su función,  entonces tenemos el «giro desenmascarador». Por último,  la acti- tud que va más allá del giro desenmascarador y pretende un cambio  real y efectivo del statu quo es la actitud  revolucionaria (Hacking, 2001, 46-47).
La hipótesis del  compromiso social,  pues,  parece ser  una  cuestión previa  al análisis de la realidad. Pero, cabe  plantear la siguiente cuestión: ¿de qué  depende el compromiso social?,  ¿depende de la mera  intención?, ¿de «mis» ideas  –que  serán también construidas– sobre  la realidad?, ¿existe  en mi compromiso por la transfor- mación  del mundo  un ajustamiento a la realidad? Es decir,  ¿el compromiso que  yo tengo  es ante  la realidad o ante  una  ideología? Dicho de otro modo,  si se niega la existencia de la realidad y el esfuerzo por conocerla, y se afirma  que  sólo existen
«mis ideas»  –producción social  del  significado y del  conocimiento–, ¿de qué  crite- rio depende el compromiso?


5.     ANÁLISIS DEL OBJETO –DEL QUE SE DICE QUE ES SOCIALMENTE CONSTRUIDO–

La teoría de la construcción social  sostiene que las ideas  son el resultado nomi- nal de las relaciones sociales y de la ideología del grupo. Las ideas  son frutos con- tingentes resultantes de  procesos históricos. (Esta cuestión ha  sido  abordada en Penalva, 2006a,  343-364).  Pero,  ¿qué  hay  de  la «realidad»  (de  la escuela)? La doc- trina de la construcción social  de la escuela ¿sostiene  que  la idea  (escuela tradicio- nal)  ha  sido  el  fruto de  un  proceso histórico  de  carácter contingente, o sostiene también que  el  objeto  (la  realidad de  la  escuela) es  socialmente construido? Es decir,  ¿qué es aquello de lo que  se dice  que  es socialmente construido?
Según  la  definición que  presenta esta  teoría  de  orientación sociológica, la escuela tiene  una  naturaleza fundamentalmente de  índole  política. La institución escolar es  esencialmente  política, de  modo  que  no  sólo  hace  una  afirmación epistemológica (sobre  la  construcción de  la  idea  de  escuela, contra  la  idea  de escuela tradicional), sino también una afirmación de rango ontológico: la naturaleza de  la  escuela es  –esencialmente– de  carácter político. Ahora  bien,  esta  definición

ontológica de la escuela («la esencia de la escuela es política»),  ¿es producto de una construcción social  contingente?, ¿o es una  construcción histórica  necesaria y, por tanto, de naturaleza objetiva  y universal?
Si se afirma  lo segundo –es decir,  la Historia nos lleva  a definir  una Idea polí- tica de la escuela–, entonces existe  una definición esencial, que contradice la hipó- tesis  de  la  construcción  social   de  la  realidad. Desde   esta  afirmación  de  la universalidad de la idea de escuela, «un» teórico (o un grupo  de investigadores) ten- dría la capacidad racional de salir del contexto social,  político, económico y cultu- ral  en  que  se  desenvuelve la  estructura cognitiva del  sujeto,  y  percibir  una  Ley transhistórica de  naturaleza no contingente, ni temporal. Si se  afirma  lo primero
–esto  es,  la  definición de  escuela desde una  construcción social  contingente–, implicaría que  hemos  llegado a una  definición de escuela, de la que  decimos que es mejor que  la anterior  (la definición de escuela tradicional), pero que  no hay cri- terio  epistemológico para  comparar ambas  definiciones. Llegamos  entonces a la tesis de la inconmensurabilidad.
Estas dos posturas –conocida ésta con el nombre  de historicista y aquélla con el de historista–  han  sido  fuertemente criticadas en la Filosofía  de la Ciencia  con- temporánea. (Se debe  advertir  que  estos  nombres, tomados de Popper,  no corres- ponden con  los  que  le atribuyen los  estudios historiográficos. Cfr. Popper,  1957; Marcos,  2004, 379-412;  González, 1984, 109-137).
La cuestión de fondo que  subyace a la definición de la realidad desde la teo- ría de la construcción social  es el criterio epistemológico, a saber:  ¿qué criterio epis- temológico tenemos para evaluar la validez o invalidez de este tipo de construcción? En este  sentido, cabe  preguntar a la teoría  de  la construcción social:  si no existe criterio  de veracidad, ¿significa  que  el proceso histórico  de la sociedad está conde- nado  –por esencia– a la lucha  entre modos  distintos  de concebir el mundo,  modos que  dependen de la clase  social  y los mecanismos de poder? ¿Se asume, al fin y al cabo,  la afirmación de que  la Historia  –por esencia– es el proceso de lucha  por el poder,   de  modo  que  el  grupo  social  que  consigue alcanzar el  conocimiento y el poder  llegará a imponer «su verdad»,  esto es, su cosmovisión, sus intereses?
La teoría de la construcción social  de la escuela niega que exista  un significado común  que  pueda ser compartido por investigadores de diversos contextos –unos pertenecen a la ideología hegemónica y otros a los discursos alternativos–. La cons- trucción  social  comporta  la tesis de que  las ideas  de los distintos  grupos  –que  res- ponden a  intereses y  valores   distintos–   implican «mundos»  distintos.   Distintos intereses, distintos  valores, distintas  prácticas compartidas llevan  a mundos distin- tos.  Para  esta  corriente, los  enunciados de  las  teorías  no  poseen una  estructura lógica  ni lingüística, y, en consecuencia, no se puede establecer la validez de los enunciados ni evaluar propuestas. De modo que se termina  negando la posibilidad de que exista  progreso del conocimiento, y, al fin y al cabo,  consenso. Todo lo más que  existe  son  teorías  rivales; unas  legitiman el orden  social  y otras  lo critican  y proponen su transformación.

6.     ASPECTOS EPISTEMOLÓGICOS SUBYACENTES

Según  se desprende del  análisis expuesto hasta  ahora,  la teoría  acerca de las instituciones educativas depende, en último  término,  de la concepción que  tenga- mos  del  mundo,   de  la  sociedad, de  la  historia, del  hombre. La teoría  sobre  la escuela debería, pues,  introducir también el debate sobre  las cuestiones ontológi- cas,  epistemológicas y semánticas.
Planteada en los términos  de la construcción social  de la escuela –antes  rese- ñados–, la cuestión ontológica y epistemológica parece remontarse a la vieja  polé- mica entre racionalistas y empiristas. Para el racionalismo (Leibniz), las razones que fundamentan una  verdad son  «razones  internas»  (a  esa  verdad). Los empiristas (Locke)  afirmaban que  no hay razones internas a una verdad; las razones, en todo caso,  son externas, y proceden de la experiencia.
Para los empiristas, las verdades son producidas por la experiencia; son ver- dades de  hecho, porque están  impresas en nosotros  por medio  de  la percepción sensible. El problema que  se había  planteado Locke era el problema del origen  de las ideas, el origen  de las vivencias complejas. Leibniz se plantea este  mismo  pro- blema; leyó  el libro de Locke (Ensayos sobre el entendimiento humano) y escribe el  libro  Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, donde  defiende que  el conocimiento humano se compone de verdades llamadas «de razón» y verdades «de hecho». Advirtió Leibniz que el error del empirismo consistía en su intento de redu- cir lo racional a fáctico,  la razón a puro hecho. Y si lo racional se convierte en fác- tico,  deja  de ser racional, sólo  queda lo irracional, porque lo fáctico  es lo que  es sin razón  de ser, mientras  que  lo racional es lo que  es razonablemente.
Por este  motivo  distingue Leibniz  entre  «verdades de  hecho»  y «verdades de razón». Las verdades de hecho  enuncian un ser o un consistir  contingente –enun- cian algo que podría  ser de otra manera–; mientras  que las verdades de razón enun- cian  un ser o un consistir  necesario –enuncian algo  que  no puede ser más que  de ese  modo–.  Para los racionalistas, la verdad es innata; está  seminalmente impresa en la razón  y en el curso  de la vida  esas  ideas  se desenvuelven y explicitan. Pero el caso  es que,  para  los racionalistas, las verdades de razón  no pueden ser oriun- das de la experiencia. Por eso Leibniz,  frente a los empiristas, afirma:  nada  hay  en el intelecto que  no haya  estado  antes  en los sentidos, a no ser el propio  intelecto, con sus leyes, con sus gérmenes, con todas  esas  posibilidades de desarrollo, que no necesitan más que desenvolverse en el contacto  con la experiencia. Leibniz des- cubre  lo que  a partir  de él,  y sobre  todo en Kant, vamos  a llamar  a priori: verda- des independientes de la experiencia.
En buena medida, las implicaciones epistemológicas de la construcción social del  significado presentan un cuadro  semejante al que  representara el empirismo, pues  reducen el aspecto epistemológico al punto  de vista psicológico. Desaparece del  fenómeno del  conocimiento lo  que  hay  en  él  de  lógico  y  de  ontológico y sumerge la totalidad del  conocimiento en pura  psicología. La tesis  de la construc- ción social  del significado, ¿no mantiene al fin y al cabo  la idea  –epistemológica y

ontológica– de Berkeley: «ser» es ser-percibido? Desechada la noción  de realidad, el ser y el conocer se reduce a la pura  vivencia o la pura  percepción. El ser de  las cosas  es la vivencia que  de ellas  tenemos. De este modo,  el carácter lógico, enun- ciativo  (mención, plena  de sentido) desaparece. El mundo  es un mundo  sin razón, sin sentido.


7.     ¿ES EL  SUJETO –COGNOSCENTE– TAMBIÉN SOCIALMENTE CONSTRUIDO?

La diferencia es que  Berkeley reduce el conocimiento al nivel  psicológico y la teoría  de  la  construcción social  del  significado al  nivel  psicosocial (la  verdad depende de las creencias y prácticas que  comparte un grupo  de investigación). Sin embargo, a pesar  de todo, Berkeley seguía afirmando la existencia del sujeto racio- nal (el  sujeto  cartesiano): a mis vivencias no les corresponde nada  fuera  de ellas, pero  esas  vivencias sin «mis» vivencias. En este  sentido  cabe  preguntar a la teoría de la construcción social  de la escuela: ¿se sigue  teniendo en cuenta la subsisten- cia de un sujeto racional, sujeto que  discierne la realidad y que  es el garante de las decisiones libres y responsables ante el mundo? ¿O, por el contrario, el sujeto racio- nal es diluido y reducido a la mentalidad social  de pertenencia y a la ideología de la clase  social  de origen?
Esta cuestión –de la subsistencia o no del sujeto  racional, garante último  de las decisiones libres  y responsables ante  el mundo–  es un aspecto de hondo  calado en la teoría  de la construcción social  y relevante tanto para  el ámbito  de las institucio- nes  escolares como  para  los procesos educativos. Y sería  interesante que  los teóri- cos que  defienden tal planteamiento sacaran las consecuencias, no ya sólo teóricas, sino sociales y políticas, de la eliminación del sujeto  racional. Especialmente impor- tante sería  esta cuestión escolar, porque, dado  que  es la institución educativa la que debe  poner  las bases  de la formación del sujeto,  si se elimina de entrada la instancia racional del sujeto  como ser autoconsciente, libre y responsable, se están  poniendo las bases  no sólo de un cambio  de teoría,  sino también de un cambio  de sociedad.
Más allá  de la disolución del significado, del conocimiento objetivo, e incluso de la realidad, está  esta  otra cuestión de no menor  importancia: la posibilidad de la  eliminación del  sujeto  racional, como  ser  autoconsciente, libre  y responsable, capaz  de asumir  su circunstancia, de dialogar con sus circunstantes y de transfor- mar creativamente lo dado.  En nuestra época, este  aspecto de la disolución y eli- minación  del  sujeto   racional  ha  sido  bastante explotado  en  el  mundo   del pensamiento por  la  llamada Filosofía  de  la  Postmodernidad (en  su  vertiente de- constructivista), influenciada por  varias  corrientes, entre  otras  por  la  teoría  de  la construcción social,  o la teoría  freudiana del  subconsciente, o la crítica  de Nietzs- che y de Heidegger a la metafísica occidental. La cuestión es que,  ahora,  no es ya sólo  el  significado el  que  se  halla  en  una  situación de  debilidad, ni tan  siquiera el conocimiento o la verdad son los que  tienen  una  entidad frágil,  sino  que  es el sujeto  racional –el yo– el que  se diluye en la contingencia.

La característica común de las posiciones filosóficas que niegan la instancia del sujeto  racional es que  toman  como  punto  de partida  el rechazo de la concepción clásica del saber.  Tras la crítica  de Nietzsche  y Heidegger a la razón  occidental, se niega que  sea la razón humana algo  así como el camino  (método) para  alcanzar la verdad. La razón  no es una  facultad que  refleje  fielmente la realidad, ni el sujeto tiene  la capacidad de representar de un modo  neutro  lo existente, ni de sistemati- zar la experiencia para  producir conocimiento verdadero. Por tanto, se niega a los investigadores sociales la capacidad de alcanzar un punto de vista neutro y objetivo, más allá de la diversidad de cosmovisiones, y se niega a la Filosofía  la capacidad de proponer una verdad de carácter universal (negación del trascendentalismo metafí- sico de la Modernidad)6.
Siguiendo los supuestos metodológicos de  Kuhn, Rorty, por ejemplo, afirma que  la teoría  social  debe  abandonar la búsqueda de  la «naturaleza intrínseca»;  en lugar  del método  esencialista propone un nuevo  método  basado en la «contingen- cia del  lenguaje» (Rorty,  1991,  29).  Pero  no sólo  se  afirma  la  disolución del  len- guaje, sino  que  a esta  disolución le  debe  corresponder, en  coherencia, una  más profunda: la del sujeto.  En este punto –de la afirmación de la contingencia del «yo»– entra  en juego  Freud,  porque concibe al sujeto  como  «un tejido  de contingencias antes que un sistema  de facultades estructurado al menos  virtualmente». «Freud nos ayuda, pues,  a considerar seriamente la posibilidad de  que  no haya  una  facultad central, un yo central, llamado “razón”, y, por tanto, a tomar en serio  el perspecti- vismo  y  pragmatismo  nietzscheano». Desde  la  negación de  que  exista  un  «yo nuclear»,  se  resuelve que  es  «imposible   retener   la  noción  de  que  determinadas acciones y  determinadas actitudes son  naturalmente “inhumanas”».   El lenguaje tiene  que  ser contingente, «relativo a la circunstancia histórica»  (Rorty,  1991, 207).
Por esta  razón  se ha dejado apuntado anteriormente que  no estaría  de sobra un análisis de las consecuencias prácticas de estos  planteamientos teóricos, espe- cialmente en lo relativo  a la libertad, la justicia  y la igualdad, valores  que  afirman defender de un modo  fuerte  buena parte  de los defensores de la teoría  de la cons- trucción  social  de la escuela7. La cuestión que  debería plantearse es la siguiente: en la concepción teórica  de la escuela, ¿es el sujeto  humano una  categoría relevante?


6. «El error  principal de  la  filosofía  sistemática ha  sido  siempre la  idea  de  que  estas  preguntas deben contestarse mediante un discurso nuevo  (“metafísico”  o “transcendental”) descriptivo o explica- tivo (que  trate, por ejemplo, de “hombre”, “espíritu”, o “lenguaje”). Este intento  de contestar a las cues- tiones  de  justificación descubriendo  nuevas  verdades objetivas, de  responder a  la  búsqueda de justificaciones por  parte  del  agente moral  con  descripciones de  un  dominio  privilegiado, es  la forma especial de mala fe del filósofo –su forma especial de sustituir  la elección moral por la seudo-cognición» (RORTY, 1983, 345).  Cfr. RORTY, 1991.
7. En cuanto  a los aspectos teóricos, los problemas fundamentales que  se originan de la aplica- ción  de  estos  supuestos –reducción del  conocimiento a las  vivencias psicológicas y  eliminación del sujeto racional cognoscente– al ámbito de las investigación científicas relativas a la educación y a la rea- lidad  escolar –dentro  del  marco  de la teoría  de la construcción social  del  significado– son los del  irra- cionalismo y el relativismo. Cfr. PENALVA, 2006a.

Es decir,  ¿aporta  el «yo personal», como  sujeto  autónomo y libre,  algo  cualitativa- mente  distinto a la dimensión social? ¿Es, a fin de cuentas, la persona un elemento definitorio de  la  teoría  de  la  construcción social  de  la  escuela? Y, ligado a esta cuestión: ¿la educación es solamente «educación para  la ciudadanía»? ¿O, priori- tariamente y fundamentalmente, la educación es «educación de  personas», perso- nas  que  tienen  también una  dimensión social  (que  incluye también la dimensión ciudadana)?


8.     CONSIDERACIONES  FINALES

La convicción central  de  la  corriente crítica  y  de  orientación sociológica en torno  a  la  escuela que  ha  sido  objeto  de  análisis en  este  artículo  parece ser  la siguiente: i) «la realidad es así», y ii) en cambio, «debería  ser de otra manera»  (idea señalada por I. Hacking en referencia a la construcción social). Esta corriente peda- gógica tiene la pretensión de hacer  problema de los mecanismos sociales de domi- nación, mecanismos que  producen exclusión social,  con  el objetivo  de  implantar un modelo de  escuela, ahora  justo e igualitario. Por ello,  el compromiso moral  y político  parece ser esencial.
De entrada hay  que  afirmar  que  la introducción en el discurso sobre  las insti- tuciones escolares de la reflexión en torno al modelo más  adecuado de sociedad ha significado un importante avance respecto de posiciones anteriores demasiado centradas en metodologías positivistas. De hecho, hoy en día es comúnmente acep- tada  en la comunidad pedagógica la idea  de que  al modelo de escuela subyacen unos  objetivos  sociales y valores  morales. El discurso pedagógico, pues,  gira  en torno a los valores, metas  y bienes que  constituyen (o deben constituir) las líneas de investigación sobre  la escuela y las líneas de la política de reforma.
Pero cabe  señalar varias  matizaciones relevantes a raíz del  análisis que  se ha llevado a cabo en este artículo  sobre la idea  de la construcción social  de la escuela.
En primer  lugar,  si se afirma que  la escuela tiene  una naturaleza política y que
a la investigación pedagógica subyace el compromiso moral,  entonces, el discurso pedagógico debería introducir la  reflexión ética  –y no  sólo  de  comportamientos morales– como  campo  de estudio, abriendo la discusión sobre  los fines  y valores de la escuela.
Dentro de las cuestiones éticas  existe  un campo  amplio  de discusión, donde se dan  cita teorías  diversas acerca de la sociedad, de la política y, en general, del mundo,  teorías  que  difieren  de los supuestos semánticos, epistemológicos y onto- lógicos  de la teoría  aquí  analizada –en torno a la idea  de la construcción social–. Dicho  de  otro modo,  la  propuesta moral  derivada de  la  idea  de  la  construcción social,  aun en el caso  de que  presentara una propuesta moral  unificada –cosa  que está  lejos  de  suceder–, es  «una» propuesta, con  una  teoría  implícita acerca de  la sociedad, de la política y, en general, con una  visión  del mundo.

En este  sentido, sería  importante poner  de relieve estos  supuestos y confron- tarlos con otras propuestas éticas.  La concepción ética de la institución escolar que emana de la idea  constructivista no es la única  que  existe. Hoy en día este campo está en continuo debate y existen aportaciones muy enriquecedoras (Ortega, 2004,
271-289;  Vansieleghem, 2005, 19-35).
En segundo término,  la dimensión ética  –aun  por muy  relevante que  sea–  es
«una» dimensión del discurso en torno a la escuela, que  no puede eliminar ni redu- cir otras dimensiones implicadas. Una cosa es la declaración de principios –justicia e igualdad del  sistema  educativo– y otra dimensión distinta  es la construcción de un modelo escolar acorde con tales  principios. La construcción de este modelo no es sólo cuestión de principios éticos  y políticos, sino que  implica aspectos ontoló- gicos,  antropológicos, semánticos, epistemológicos, metodológicos y  axiológicos acordes con los principios. Una cosa  son los principios éticos,  y otra los antropo- lógicos, epistemológicos, semánticos, etc.,  de modo  que  un buen  diseño –episte- mológico, antropológico, etc.–,  acorde con  la  realidad (antropológica y  social), puede llevar  a la consecución del fin ético.  Pero un mal diseño difícilmente logra- ría el fin.
En tercera  y última  instancia, habría  que distinguir entre el diseño teórico  (que incluye aspectos éticos,  antropológicos, epistemológicos, semánticos y  ontológi- cos)  y el diseño práctico, del  orden  de  la aplicación. Esta distinción plantea que una  cosa  es el diseño de una  teoría  y otra –de naturaleza distinta–  es el problema de la aplicación y conjugación de los medios con los fines.  Hay,  pues,  que  distin- guir entre «juicios teóricos» y «juicios prácticos»:  unos parten  del método  hipotético- deductivo y otros  del  «imperativo-hipotético», de  modo  que  lo que  teóricamente puede ser verdad, en la práctica no tiene  por qué  ser acertado o conveniente. Una cosa  es «lo ideal»  (objeto  de la ciencia y de la teoría)  y otra «lo posible»  y «lo reali- zable» (objeto  de la práctica).
En conclusión, este artículo  sugiere que  la idea  de la construcción social  de la escuela, de  gran  influencia en  la  investigación educativa de  las  últimas  décadas, podría  enriquecer su planteamiento si abriera su campo  de estudio 1) a las cues- tiones  éticas,  2) a las cuestiones teóricas, y 3) a la dimensión práctica –del ámbito de  la aplicación. De este  modo,  el excesivo predomino de  los aspectos externos del  conocimiento podría  verse  equilibrado con  la  incorporación de  los  aspectos internos.


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